Carlos París contra el arma letal de la mentira. Público. 30 ene 2015. Ignasi Riera Gassiot. Escritor

Fuente: Público

Filósofo de la ciencia, Carlos París había escrito: “Hay un fenómeno muy curioso que es el del mentiroso que acaba creyéndose sus propias mentiras. No descarto que a fuerza de repetir estas mentiras acaba de alguna manera asimilándolas”. No se refería a mentirijillas veniales: “la ONU, la OTAN, la UE son una gran mentira ya que no persiguen los fines que enuncian y sí la defensa de los más poderosos”. En octubre de 2013, a la pregunta de si la civilización actual está basada sobre la mentira, Carlos París respondía: “Sí. Se proclaman los ideales de la Ilustración, la democracia, el progreso, la igualdad, la libertad… y, sin embargo, se están traicionando y aplastando estos ideales. Los indignados dicen: ‘La llaman democracia y no lo es’. Tienen razón”.

No se trata de una reflexión marginal, coyuntural, en la obra del filósofo y pedagogo, sino de uno de los ejes permanentes de su pensamiento. En junio de 2012, en el Ateneu Barcelonès, recordábamos aquella pregunta suya: “¿Se puede calificar de organización democrática a la de las Naciones Unidas, en cuya Consejo de Seguridad las grandes potencias son miembros permanentes, que disponen, además, del derecho al veto? ¿Qué tribunales de justicia son aquellos que, como el constituido para sancionar los crímenes en Yugoslavia, no cumplen otro papel más que el de justificar los bombardeos de la OTAN sobre dicho país, en lugar de juzgar, por su agresión, a tal organización militar?”

Podría parecer que Carlos París se deja seducir por la pandemia de los contertulianos, dispuestos a decir, para maquillar su imagen, lo que quieren oír los que les escuchan. Pero no es así: hace más de treinta años, en 1984, París insistía en la urgencia de avalar una verdadera revolución, no sé si copernicana, para devolver a su legítimo dueño el derecho a marcar las pautas del pensamiento: “son las masas, grandes fraguadoras de la cultura”. Cuando propuse, en 1983, reeditar El rapto de la cultura, de Carlos París, recordaba, en mi informe, aquellas palabras de su autor: “Esta sustracción de la cultura a las masas, este destierro de las multitudes ha determinado una cultura escindida, dividida por un tajo profundo. De un lado, los grandes mandarines, los chamanes con sus poderes mistéricos, los clérigos, los tecnócratas (…) Y de otra parte, las multitudes, amasando con su existencia cotidiana y de la migajas desprendidas del simposio de los mandarines, su propio mundo cultural. Asentado en las vivencias primarias de la lucha con la naturaleza y la vida, con los duros materiales y las verdades metálicas…”

Carlos París nos recordaba que la ciencia es inevitablemente política. París fue capaz de reivindicar como un todo los distintos procesos a favor de la igualdad, de la justicia y del progreso. Se sumó, en serio, a la lucha por la emancipación de la mitad de la población: es decir, de las mujeres. Y fue capaz de denunciar con una valentía poco frecuente las trampas de las políticas que trataban de edulcorar, mintiendo, los derechos de todas y de todos. El suyo fue un proyecto liberador, sin trampas. Es decir, con exigencia de programas políticos, sociales, educativos a favor de inmensas mayorías. Por ello terminaba así, con la urgencia del náufrago, su libro En la época de la mentira: ‘La ciencia sólo podrá rendir sus mejores frutos en una sociedad en que la colectividad sea dueña de sus recursos, en una sociedad sin relaciones de dominación, sin clases. Y el científico, el intelectual, el trabajador del mundo de la cultura, quiéralo o no, se encuentra comprometido en esta tarea transformadora de nuestra sociedad…’ Nadie le podrá negar al profesor Carlos París su coherencia. Él no está. Pero puede decir como Horacio: non omnis moriar. Sobreviven sus palabras y seríamos mejores si nos tomáramos en serio sus propuestas programáticas, tan coherentes y, a la vez, tan exigentes.

El próximo jueves, 5 de febrero, se celebrará en el Ateneo de Madrid el acto “Carlos París, 1 año”, con las intervenciones de Cristina Almeida, Salce Elvira, Lidia Falcón, Luis García Montero, Gaspar Llamazares, José Luis Mora y Juan José Tamayo

Consulta aquí el especial de Público CARLOS PARÍS 1925-2014

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