El marco de las relaciones Universidad – Industria. Por: Luis Miguel Arias

En Perú se asume con dificultad el tema de la innovación. Conviven a duras penas algunos sectores de excelencia y en expansión con posibilidades de acomodo en el sistema mundo de relaciones comerciales, quiere esto decir con capacidades técnicas ajustadas a los estándares y requerimientos (predominantemente en el sector agroindustrial) con otros lastrados por la obsolescencia tecnológica y la incapacidad de transformación. Paralelamente hay un proceso de expansión de la minería que está a todas luces sometido a los avatares del mercado, las contingencias de los precios internacionales y el inmovilismo impositivo marcado por las ventajas para las empresas extranjeras. La producción en este sector es predominantemente de materia prima sin valor agregado y con una aplicación técnica que no reclama de las instituciones de formación competencias superiores a las de técnico de grado medio.

Paralelamente, se aprecia a nivel regional y por parte de las universidades sobre todo públicas un esfuerzo de adecuación a las necesidades del entorno. El sistema de educación superior está ciertamente conmocionado por la proliferación de oferta de formación superior. Hay en este momento probablemente más de 100 universidades en Perú. De ellas, 37 son públicas y el resto responden al interés de capitales privados que han visto en el sector educativo la posibilidad de generar beneficios empresariales. Sobre las especialidades, también es cierto para el Perú, que en torno al 70% de la oferta formativa, se corresponde con las ciencias sociales y las humanidades y que hay escaso soporte para la formación científica y técnica.

Existe en Perú un sistema nacional de innovación articulado en un principio por el CONCYTEC. Sin embargo en los últimos años y a pesar de los esfuerzos realizados por este Consejo Nacional, hemos podido apreciar un reiterado maltrato al segmento ciencia y tecnología, habida cuenta de los procesos a los que la institución se ha visto sometida. En un principio, ha pasado de ser un Organismo autónomo a ser una Oficina en el Ministerio de Educación. Además de los reiterados recortes presupuestales que ha sufrido al menos en los dos últimos años de gobierno de García. Sin embargo, han conseguido articular los Consejos Regionales de Ciencia y Tecnología (CORCYTEC), en la actualidad hay 25, uno por cada región que como iniciativa descentralizadora  y de articulación regional constituyen una iniciativa interesante.

Como decía más arriba, las empresas, marcadas por la informalidad, tienen escaso o nulo interés en la articulación con las universidades. Los servicios que estas brindan, no son consistentes y las necesidades muy grandes. Sin embargo también hay casos que podemos considerar ejemplarizantes. Por ejemplo Hersil, que en colaboración con la Universidad Nacional Agraria La Molina, llevan adelante un programa de desarrollo de productos con los cereales andinos. Son los mayores exportadores de maca andina para Alemania. El gerente general de Hersil afirmaba que el Perú debe explotar sus ventajas, fundadas sobre todo en la mega diversidad de la que se dispone y prepararse para la exportación de una variada oferta de productos. Veamos si es posible y se puede vender con valor añadido de manera que la población pueda recibir alguito más por su trabajo.

Igualmente las universidades públicas desarrollan esfuerzos en la misma línea y junto al CONCYTEC y de la mano de los CORCYTEC, están en este momento tratando de ajustarse mejor a las necesidades de sus respectivos entornos. Es bien cierto que se repiten aquí algunas de las afirmaciones que he encontrado en el texto. Por ejemplo, la colaboración universidad-industria, se produce en la mayoría de los casos en términos personales. Es decir un técnico, profesor universitario, puede mantener una vinculación de servicios técnicos con empresas locales pero es en cualquier caso un proceso coyuntural. Sin embargo, la informalidad pesa mucho y es por el momento probable que tratar de llevar estas colaboraciones a formalizaciones más acabadas con sistemas más refinados, va a constituir un proceso no exento de recelos y desconfianzas.

Se ha producido en Perú en estos últimos 4 años un fenómeno interesante que ha costado mucho esfuerzo y que se inició en 2003 durante el gobierno de Toledo, comenzando su andadura en 2007 ya con García. Hemos recibido de parte del BID 25 millones de dólares que el gobierno ha debido completar con un aporte de 11 mill. para la constitución de un fondo de innovación. Al parecer en un alarde de generosidad García amplio su aportación hasta los 40 mill. Estos fondos habían de ser administrados por el CONCYTEC, sin embargo en el camino el gobierno determinó que los fondos habrían de ser administrados desde la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM) que para esta labor, se dotó de un instrumento el FINCYT (Fondo de Innovación en Ciencia y Tecnología) que ha recibido a un destacado núcleo de profesionales, capacitados por el propio BID y que dispone de mecanismos interesantes para la gestión y administración de los recursos destinados a proyectos. Se supone que los proyectos en sus diferentes modalidades, deben articular a las empresas con centros de investigación y universidades y depende de este feliz acontecimiento los montos y porcentajes de los Recursos No Reembolsable (RNR) que habrán de recibir. Lo interesante ha sido que un fondo calculado en un principio para 6 años, estaba prácticamente acabado en menos de 2 o que se habían asignado hasta el 75% de los fondos disponibles según Francisco Sagasti, encargado de la dirección del programa, en sus primeras andaduras. En la actualidad lo dirige Alejandro Afuso. Quiere esto decir que los investigadores peruanos han formulado proyectos interesantes dignos de financiación. Los controles son muy estrictos y la revisión por parte de funcionarios del BID aparentemente también.

Se requiere que la colaboración universidad e industria se afiance y prospere. Disponemos en la actualidad del FIDECOM (Fondo de Investigación para el Desarrollo de la Competitividad) que se constituyo con 200 mill de soles (40 millones de euros) que no son pocos. Sin embargo, en este momento el programa se está ralentizando por el proceso electoral y por las idas y venidas del gobierno de García. Administrado igualmente por el FINCYT, en este momento ha sufrido como el resto de las instituciones públicas los efectos de un decreto de urgencia del gobierno de García que lo ha dejado sin piso y no sabemos que pueda pasar en adelante. Hay que decir que durante su primer gobierno, si mostraron interés y sensibilidad por estos temas

El interés principal desde mi punto de vista, es que estos fondos habrían servido para la generación de empleo de calidad para los egresados y profesionales a nivel regional. La asignación de fondos para el desarrollo de proyectos y programas, permitirá la generación de puestos de trabajo de calidad para el empleo de nuestra mano de obra cualificada y que es una masa de gente joven que no encuentra donde aplicar sus talentos.

En esto último hemos insistido a lo largo de 2010 desde la Oficina de Cooperación Técnica y Convenios de la Universidad Nacional José Faustino Sánchez Carrión. Sin embargo, no sé si es que no hemos sido lo suficientemente claros o, es que a la universidad, le cuesta mucho sustraerse a la inercia del mero proceso formativo.

Luis Miguel Arias Martínez
Profesor de Sociología de la Empresa
Universidad Nacional José Faustino Sánchez Carrión
Huacho, Lima. Perú

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